El fin del socialismo europeo y sus consecuencias en el nuevo orden mundial.
Caída del muro de Berlín
Al finalizar la II Guerra Mundial, tras la división de Alemania, Berlín también quedó dividida en cuatro sectores de ocupación: soviético, estadounidense, francés e inglés. Las malas relaciones entre los comunistas y los aliados fueron creciendo hasta llegar al punto en que surgieron dos monedas, dos ideales políticos y, finalmente, dos alemanias.
En 1949, los tres sectores occidentales (estadounidense, francés y británico) pasaron a llamarse República Federal Alemana (RFA) y el sector oriental (soviético) se convirtió en la República Democrática Alemana (RDA).
Berlín quedó dividida y se crearon 81 puntos de paso entre las dos zonas de la ciudad.
La caída del muro vino motivada por la apertura de fronteras entre Austria y Hungría en mayo de 1989, ya que cada vez más alemanes viajaban a Hungría para pedir asilo en las distintas embajadas de la República Federal Alemana. Este hecho, motivó enormes manifestaciones en Alexanderplatz que llevaron a que, el 9 de noviembre de 1989 el gobierno de la RDA afirmara que el paso hacia el oeste estaba permitido.
Ese mismo día, miles de personas se agolparon en los puntos de control para poder cruzar al otro lado y nadie pudo detenerlos, de forma que se produjo un éxodo masivo.
Al día siguiente, se abrieron las primeras brechas en el muro y comenzó la cuenta atrás para el final de sus días.
Una vez liberados, familias y amigos pudieron volver a verse después de 28 años de separación forzosa.
La perestroika
Que en ruso significaría “reestructuración”, fue una serie de políticas económicas llevadas a cabo por Mijaíl Gorbachov durante la década de 1980 para transformar la economía socialista de la Unión Soviética en una economía de mercado. Esta reforma fue llevada a cabo tan solo un mes después de que llegara al poder y tenía por intención transformar el sistema económico socialista que imperaba en la URSS para superar su estancamiento económico y poder mantenerla unida. Sin embargo, este proceso, bien visto en occidente, despertó la oposición de buena parte del Partido y de varios sectores de la sociedad, que se vieron perjudicados por esta política. De esta manera, la Perestroika, junto con el Glasnost, propiciaron una división política al interior del país, un intento de golpe de Estado y la final disolución de la Unión Soviética en 1991.
Todo comenzó cuando Gorbachov fue elegido Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética el 11 de marzo de 1985, sucediendo a Konstantín Chernenko. Por aquel entonces, la Unión Soviética se encontraba sumergida en un estancamiento económico, un descenso de la producción, un grave retraso tecnológico, una fuerte burocracia y una industria anticuada. Ante esto había surgido una nueva generación de jóvenes tecnócratas, conocida como generación komsomol, que se reunía en las instalaciones de la Unión Comunista de la Juventud para discutir sus ideas sobre posibles reformas a la estructura económica soviética. Siguiendo las propuestas de esta generación, Gorbachov propuso un programa de reformas leves que fueron aprobadas por el Comité Central. No obstante, Mijaíl pensaba que el país necesitaba transformaciones más drásticas, por lo cual promulgó un discurso en Leningrado sobre la necesidad de renovación en Leningrado (San Petersburgo) en 1985, y después efectuó más reformas, entre las que se destacan la sustitución de su ministro de Relaciones Exteriores y la regulación del alcohol; aunque esto último significo más daños que beneficios para la URSS, pues se dejaron de percibir cerca de 100 millones de rublos y se fomentó el mercado negro.
La Glásnot
Junto con la perestroika, se implementó la Glásnot o apertura, que permitia, entre otras cosas, mayor libertad a los medios de comunicación, el descenso de la censura y mayor libertad de expresión, contrastando con el régimen anterior de represión hacia quienes no comulgaran con los principios del sistema soviético.
La Glásnot permitió que el gobierno adoptara una postura autocrítica, reconociendo sus errores e implementando instrumentos para resolverlos. La Glásnot permitió, entre otras cosas, la confrontación política que se dio en la URSS en 1987, con las agrias críticas de Boris Yeltsin al sistema, sin embargo, a pesar de los avances en materia de Glásnot, Yeltsin sufrió represalias al ser apartado del gobierno. Gracias a la Glásnot fueron puestos en libertad prisioneros políticos, la mayor parte de los cuales eran “presos de conciencia” por sus críticas al gobierno soviético y al sistema político.
Las elecciones de 1988, pusieron de manifiesto el sentir popular: el partido comunista soviético no obtuvo todos los puestos del gobierno, al que pudieron tener acceso reformadores de minoría (como Yeltsin) y otros 18 partidos. La perestroika comenzó a recibir ataques de conservadores y alas progresistas, los primeros veían en ella una amenaza al socialismo y los segundos pensaban que las reformas avanzaban muy lentamente.
En 1991, tras el fallido golpe de estado por parte de los conservadores comunistas, Gorbachov dimitió y varias repúblicas soviéticas declararon su independencia, disolviéndose la URSS ese mismo año, abandonando el modelo económico marxista socialista que había imperado por casi un siglo.



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